EL OBRERO SALVADOREÑO: BAJO EL YUGO DE LAS POLÍTICAS
ECONÓMICAS CAPITALISTAS EN PLENO S. XXI.
(Por Fidel Ernesto Maravilla Zelaya)
El Salvador es desde su nacimiento una República de políticas económicas de propiedad privada, una nación que tiene dueños. Es obvio entender, entonces, que
si en este país las políticas sociales, y sobre todo económicas están diseñadas
en esa dirección, las condiciones esenciales del resto de los salvadoreños se encuentran en
pésimas condiciones, de tal manera que se vuelve una mercancía mas entre tantas
mercancías que se mantienen dominadas por quienes controlan los medios de
producción[1].
Lo peor, que estas políticas están elaboradas, para que
sean un misterio para la mayoría de los salvadoreños, es decir lo
que debe explicarse lo resuelve el sistema con el hecho de considerar que, simple y
sencillamente, el resto de la población lo comprende como tal. según sostiene
Marx en uno de sus de sus manuscritos. Este tipo de políticas económicas de capitales privados
existentes en El Salvador eran similares a las que Karl Marx (1818-1883) criticara en sus
manuscritos de 1844:
“la economía política no aporta una
explicación de la base de la distinción entre el trabajo y el capital entre el
capital y la tierra, (…) esto se explica
en función de los intereses de los capitalistas, en otras palabras lo que debe
explicarse se da por supuesto
(K. Marx 1987:34).
En ese sentido estas políticas económicas del
capitalismo totalmente vivo en nuestro país des posesiona al obrero con respecto
al objeto que produce, dentro del proceso de producción y de su capacidad de
vivir.
Dicho en palabras estas políticas de la economía reflejan una total alienación para el obrero de la fábrica textil, de las
cadenas de supermercados, de todos aquellos gremios que representan los
intereses privados en El Salvador incluso empleados del sector estatal.
Por enajenación se entiende el sentido de sentirse
ajeno respecto a uno mismo como consecuencia de la pérdida del propio ser. Este
vocablo es sinónimo de alienación, del latín “alienatio” o “abalienatio” que surgiera del griego como apolitrosis, que
significa deserción subordinarse a otro[2].
Dicha enajenación
se adecua, en este caso particular, a partir de los primeros
textos de Marx como: enajenación del
trabajador salvadoreño con relación a los productos, enajenación del obrero de El Salvador en el proceso de producción
dentro de la actividad misma de producción y por último, enajenación del ser salvadoreño como ser genérico, a si
como se exponen a continuación:
a)
Enajenación
del obrero salvadoreño con respecto al objeto producido
Partiendo de esa primera enajenación que el filósofo
alemán plantea, alienación del hombre con respecto al objeto que produce, el obrero salvadoreño
(al servicio de cualquier empresa privada sea esta elaboradora de comestibles,
zapatos, carburantes es víctima de este tipo de enajenación) se convierte en
una mercancía aun más barata cuanto mas zapatos, camisas y ganchos elabora; el
valor del trabajo del humilde jornalero disminuye, mientras el valor de los
productos se incrementa. La realización del trabajo asoma en este sistema mundo
de la economía política de capital privado como mutilación del pobre asalariado
salvadoreño.
Entonces, el
objeto se sobrepone al trabajador salvadoreño como algo más poderoso que él.
Esta es su enajenación. Entre más tome vida el producto creado en la planta de
empaque de la fábrica Molsa, de la destilería o cigarrera, el obrero más se
desposesiona, o sea, cuanto mayor sea el número de los objetos que produce
menos los posee y más cae bajo el dominio del producto del capitalista. Esto
indica que su trabajo es totalmente de otro, es decir, dicho objeto producido por sus
propias manos se presenta para José, para
Pedro o para la María (como queramos llamarle aquí al obrero) como una cosa
que no es de su patrimonio y por tanto le es extraño. Por otro, entre más
energía invierten estos en su obra más poderoso se vuelve el mundo de los
productos ofertados en los supermercados de lujo de este país[3]. Es
así que el pobre José Pedro o María (al ponerle nombre al obrero) pone su vida
en el objeto (en el cuidado de la finca, del teléfono tigo, claro, movistar, digicel,
tiendas de comida rápida y incluso la banca) y en esa dirección su vida no le
pertenece ya, sino al producto que está vendiendo.
Además, cuanto
más grande es el producto ofertado, más pequeño es el pobre de José, de Pedro o María. Cuanto más
valor crea José, Pedro o María en el supermercado, más se desvaloriza, cuanto
más refinado es el producto producido, más vulgar y desgraciado se vuelve José,
Pedro y María; cuanto más inteligencia refleje la obra producida por estos, mas torpe se vuelve José, Pedro o María. En síntesis cuanto más produce
el trabajador en este tipo de políticas económicas capitalistas, mas importante
se vuelve el objeto producido, mientras que el trabajador se mutila (K. Marx; 1987: 38).
Es decir, el asalariado se transforma en esclavo del
objeto, en primer, lugar porque lo carga como trabajo sobre sus hombros, en
tanto recibe una tarea por realizar y, segundo,
porque a través de este proceso logra mantenerse con vida él y su
grupo familiar. De esta manera el
producto que produce le permite existir, primero, como el que tiene que
trabajar y segundo, como animal.
Esto es lo que esconde la desposesión de la naturaleza
del trabajo en las políticas económicos capitalistas de esta nación, en tanto
que no examina la relación directa entre el obrero que hace el trabajo y la producción. La faena del obrero (José, Pedro, o María) permite,
debido a que transfiere a otro algo propio, que en este país se de la
continuación de acumulación de capital en pocas manos, pero a la vez que genere
escasez para María, Pedro y José y por supuesto para su grupo familiar en
general. En suma “La relación directa del
trabajo con sus productos es la relación del trabajador con los objetos, la
relación de los propietarios con los productos de producción y la producción es
meramente el resultado de esta primera relación” (K. Marx: Los manuscritos
de 1844, 1887:37- 38), que la legitima las políticas económicas de los
capitales privados en este país.
b)
La
enajenación del obrero salvadoreño en el proceso de producción dentro de la actividad
productiva
En segundo
lugar la enajenación del objeto del trabajo del obrero salvadoreño simplemente
produce la enajenación del proceso mismo de producción. Esto es que, el producto único y exclusivamente es el
resultado de la actividad de la producción. Pero en todo caso ¿Qué representa
la alienación del trabajo de los seres humanos en este país? Por un lado, que
el trabajo es externo al obrero, no es parte de su naturaleza, sino extraño a él y debido a ello no llega a realizarse como ser humano, sino que experimenta un cierto malestar
más que de bienestar, es decir, considera el trabajo como tortura o
martirio, ya que no siente placer en lo que produce, ni tampoco disfruta de lo
que produce. En ese sentido solo se siente a sus anchas cuando llegan las horas
de ocio, cuando llega el descanso del fin de semana o de días festivos. Por
tanto, no da rienda suelta a sus potencialidades físicas ni intelectuales, sino que se encuentra físicamente agotado y
mentalmente embrutecido (K. Marx; 1987:38).
Por tanto, en la fábrica se siente insatisfecho,
debido a que el trabajo no es la mera decisión de su voluntad sino únicamente,
la única opción con la que cuenta para satisfacer necesidades vitales de él y, de su grupo familiar. La obra a la que el asalariado de este país se enajena, es
vista por este como un martirio o una mortificación, demostrando con
esto, que no es su propio trabajo, sino para otro, y que en el trabajo no se
pertenece a sí mismo, sino a otro. Dicho en otras palabras, lo que el filósofo
alemán sostiene es que el obrero solo se siente activamente pleno en sus
funciones animales como: beber, comer y aparearse. En ese sentido, sus
funciones no superan las condiciones de animalidad. Es a sí que: “lo animal se
vuelve humano y lo humano se vuelve animal”; dicho en un lenguaje más
sencillo: el capitalista deja de ser animal para convertirse en ser humano y el
obrero abandona su naturaleza humana para convertirse en un animal de trabajo. Esto es lo que precisamente la
alienación de los obreros de El
Salvador (K. Marx 1987; p.39).
Resumidamente, se han considerado hasta aquí la
enajenación, a partir de las ideas del filosofo alemán, con la actividad humana
práctica, o sea, el trabajo desde dos aristas: el primero vinculado a la
relación del trabajo con el producto del trabajo como objeto separado del
obrero, que lo somete y, el segundo, por la relación del trabajo como actividad
de producción dentro del trabajo que lo martiriza. Esta es la relación del obrero
con el producto creado por el obrero salvadoreño; su propia actividad como algo ajeno y que no
le pertenece, la actividad vista y sentida como sufrimiento, la fuerza como
debilidad, la creación como castración[4]…
Resta por tanto considerar la última forma de enajenación que en este texto se
aborda.
c)
La
enajenación obrero salvadoreño como ser genérico
El
ser salvadoreño es un ser social que solo puede y debe vivir en sociedad, no
solo porque constituye la célula principal de la sociedad salvadoreña, sino
también, en el sentido de considerase un
ser universal y por ende en libertad. En este sentido el ser
colectivo de este país no se diferencia de los animales. Al igual que los
animales, vive a partir de lo que le
suministran las plantas, el mar, la naturaleza, etc., Pero el hombre y la mujer
de El Salvador debe de diferenciarse del
animal desde el momento que realiza con su trabajo el objeto de su voluntad y
de su conciencia, es decir, debe ser consciente de lo que decida hacer,
producir, penar. Esa actividad consciente diferencia al ser humano de los
animales… Solo debido a esta razón el ser salvadoreño puede considerarse un ser genérico. Solo a partir de esta
reflexión puede ser un hombre libre.
La
construcción práctica de un mundo objetivo, la manipulación de la naturaleza
inorgánica, es la confirmación del
sujeto salvadoreño como ser genérico consiente. Verbigracia, como un ser
que considera su propio ser como persona humana. Por su puesto que los animales
también construyen nidos (…) (Marx; 1986:42); pero solo hacen lo necesario para
ellos mismos y sus crías; por lo tanto producen en una sola dirección. Por el
contrario el ser humano debe de producirse como ser universal, a diferencia del hombre que reproduce toda la
naturaleza, los productos de los animales pertenecen en especial a sus cuerpos
físicos, mientras que el hombre es libre frente a lo que produce.
En
todo caso, el hombre solo en su trabajo sobre el mundo objetivo se muestra
realmente como ser genérico, esta es su producción en su vida activa como
especie porque él no se reproduce solo intelectualmente, como en la conciencia,
sino activamente y en un sentido real y contempla su propio reflejo en un mundo
que él ha edificado.
Pero en realidad todo lo que se ha dicho arriba, es opuesto a la realidad que vive hoy en día
el asalariado salvadoreño. Se puede afirmar
desde la celosía de los textos de
Marx, la mayoría de asalariados salvadoreños, sean estos estatales de las
instituciones del estado, como de aquellos que trabajan en empresas privadas o
sector informal, enajenan su vida como especie. Esto significa que cada hombre, mujer o joven de este país está
enajenado en relación con los otros seres humanos y que cada uno de los otros
está a su vez enajenado en su propia existencia como ser humano, es decir, que
todos los salvadoreños viven como individuos aislados o solitarios en tanto que
se enajena para otro, se someten al dominio de otro, de su coerción, del yugo
de otro.
en fin, los tres tipos de enajenación que sufren los trabajadores de este país, convierte a todos los asalariados salvadoreños en una mercancía más, dentro de todo el
paquete de mercancías, propiedad de los banqueros, terratenientes e incluso los narcotraficantes de
este país. Por tanto, la enajenación del obrero respecto al producto indica que
este objeto producido es ajeno a él. En segundo lugar, lo es también es su mismo
proceso de producción y por último en su condición como ser humano genérico, en
tanto que se separa como ser individual de sus demás congéneres. Y
La pregunta con la se puede cerrar este pequeño esbozo es ¿Cómo
pueden cambiarse dichas políticas que enajenan la productividad de todo un
colectivo en beneficio de unos pocos? ¿Podría el ser colectivo salvadoreño
sacudirse el yugo del opresor y a sí poseer lo que produce para si mismo, en
tanto disfruta ese momento del quehacer de su objeto producido y en tanto se
convierta en todo un ser genérico consciente de su propia existencia? o ¿Urge la necesidad de romper con este sistema mundo para instaurar aquel que sea equitativo para todos? Esto
indica que este tema no que cerrado…
Bibliografía:
·
Karl Marx (1987): Los manuscritos de 1844 y tesis sobre Feuerbach. San Salvador,
El Salvador. UCA Editores.
Karl Marx
(2002): EL capital Vol. I Mercancía y dinero. Biblioteca de autores
7 de junio del 2014.
[1] Se entiende por medios de producción a los instrumentos
materiales que intervienen en el trabajo: materias primas, grandes extensiones
de territorios, maquinaria, las herramientas, fabricas talleres, pantas
geotérmicas de electricidad, por mencionar unos pocos.
[2] Alienato mantuvo un
significado jurídico y médico. En el sentido jurídico en la antigüedad significó transferencia de
propiedad. En el sentido médico, enfermedad mental o desvanecimiento. Otros
significados fueron: deserción, pérdida de la amistad. En Marx Alienación o
enajenación significa desposesión, hacerse otro o extraño. También transferir a
otro algo propio de modo que por virtud de esta transferencia, lo que es
propiedad o producto de uno es apropiado por otro, que a sí disfruta de dicho
producto. Vocabulario filosófico (sf). http//:www.cossio/contenidos/
principales. P3.
[3] Entres esos
mercados que distribuyen cada uno de esos productos que se sobreponen al
empleado, podemos mencionar las casi 105 tiendas se súper selectos, las
despenas familiares, la despensa de Don Juan, solo por mencionar unos de todos
los que coexisten en la realidad.
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