miércoles, 9 de julio de 2014

EL OBRERO SALVADOREÑO: BAJO EL YUGO DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS CAPITALISTAS EN PLENO S. XXI.
(Por Fidel Ernesto Maravilla Zelaya)
El Salvador es desde su nacimiento una República de políticas económicas de propiedad privada, una nación que tiene dueños. Es obvio entender, entonces, que si en este país las políticas sociales, y sobre todo económicas están diseñadas en esa dirección, las condiciones esenciales  del resto de los salvadoreños se encuentran en pésimas condiciones, de tal manera que se vuelve una mercancía mas entre tantas mercancías que se mantienen dominadas por quienes controlan los medios de producción[1].
Lo peor, que estas políticas están elaboradas, para que sean un misterio para  la mayoría de los salvadoreños, es decir lo que debe explicarse lo resuelve el sistema con el hecho de considerar que, simple y sencillamente, el resto de la población lo comprende como tal. según sostiene Marx en uno de sus de sus manuscritos. Este tipo de políticas económicas de capitales privados existentes en El Salvador eran similares a las que  Karl Marx (1818-1883) criticara en sus manuscritos de 1844:

 “la economía política no aporta una explicación de la base de la distinción entre el trabajo y el capital entre el capital y la tierra, (…)  esto se explica en función de los intereses de los capitalistas, en otras palabras lo que debe explicarse se da por supuesto (K. Marx 1987:34).





En ese sentido estas políticas económicas del capitalismo totalmente vivo en nuestro país des posesiona al obrero con respecto al objeto que produce, dentro del proceso de producción y de su capacidad de vivir.
Dicho en palabras estas políticas de la economía reflejan una total alienación para el obrero de la fábrica textil, de las cadenas de supermercados, de todos aquellos gremios que representan los intereses privados en El Salvador incluso empleados del sector estatal.
Por enajenación se entiende el sentido de sentirse ajeno respecto a uno mismo como consecuencia de la pérdida del propio ser. Este vocablo es sinónimo de alienación, del latín “alienatio o “abalienatio” que surgiera del griego como apolitrosis, que significa deserción subordinarse a otro[2].
Dicha enajenación  se adecua, en este caso particular, a partir de los primeros textos de Marx como: enajenación del trabajador salvadoreño con relación a los productos, enajenación del obrero de El Salvador en el proceso de producción dentro de la actividad misma de producción y por último, enajenación del  ser salvadoreño como ser genérico, a si como se exponen a continuación:
a)      Enajenación del obrero salvadoreño con respecto al objeto producido
Partiendo de esa primera enajenación que el filósofo alemán plantea, alienación del hombre con respecto al objeto que produce, el obrero salvadoreño (al servicio de cualquier empresa privada sea esta elaboradora de comestibles, zapatos, carburantes es víctima de este tipo de enajenación) se convierte en una mercancía aun más barata cuanto mas zapatos, camisas y ganchos elabora; el valor del trabajo del humilde jornalero disminuye, mientras el valor de los productos se incrementa. La realización del trabajo asoma en este sistema mundo de la economía política de capital privado como mutilación del pobre asalariado salvadoreño.

 Entonces, el objeto se sobrepone al trabajador salvadoreño como algo más poderoso que él. Esta es su enajenación. Entre más tome vida el producto creado en la planta de empaque de la fábrica Molsa, de la destilería o cigarrera, el obrero más se desposesiona, o sea, cuanto mayor sea el número de los objetos que produce menos los posee y más cae bajo el dominio del producto del capitalista. Esto indica que su trabajo es totalmente de otro,  es decir, dicho objeto producido por sus propias manos se presenta para José, para  Pedro o para la María (como queramos llamarle aquí al obrero) como una cosa que no es de su patrimonio y por tanto le es extraño. Por otro, entre más energía invierten estos en su obra más poderoso se vuelve el mundo de los productos ofertados en los supermercados de lujo de este país[3]. Es así que el pobre José Pedro o María (al ponerle nombre al obrero) pone su vida en el objeto (en el cuidado de la finca, del teléfono tigo, claro, movistar, digicel, tiendas de comida rápida y incluso la banca) y en esa dirección su vida no le pertenece ya, sino al producto que está vendiendo.
 Además, cuanto más grande es el producto ofertado, más pequeño es  el pobre de José, de Pedro o María. Cuanto más valor crea José, Pedro o María en el supermercado, más se desvaloriza, cuanto más refinado es el producto producido, más vulgar y desgraciado se vuelve José, Pedro y María; cuanto más inteligencia refleje la obra producida por estos, mas torpe se vuelve José, Pedro o María. En síntesis cuanto más produce el trabajador en este tipo de políticas económicas capitalistas, mas importante se vuelve el objeto producido, mientras que el trabajador se mutila (K. Marx; 1987: 38).
Es decir, el asalariado se transforma en esclavo del objeto, en primer, lugar porque lo carga como trabajo sobre sus hombros, en tanto recibe una tarea por realizar y, segundo,  porque a través de este proceso logra mantenerse con vida él y su grupo  familiar. De esta manera el producto que produce le permite existir, primero, como el que tiene que trabajar y segundo, como animal.
Esto es lo que esconde la desposesión de la naturaleza del trabajo en las políticas económicos capitalistas de esta nación, en tanto que no examina la relación directa entre el obrero que hace  el trabajo y la producción. La faena del obrero (José, Pedro, o María) permite, debido a que transfiere a otro algo propio, que en este país se de la continuación de acumulación de capital en pocas manos, pero a la vez que genere escasez para María, Pedro y José y por supuesto para su grupo familiar en general. En suma “La relación directa del trabajo con sus productos es la relación del trabajador con los objetos, la relación de los propietarios con los productos de producción y la producción es meramente el resultado de esta primera relación” (K. Marx: Los manuscritos de 1844, 1887:37- 38), que la legitima las políticas económicas de los capitales privados en este país.

b)     La enajenación del obrero salvadoreño en el proceso  de producción dentro de la actividad productiva

En segundo lugar la enajenación del objeto del trabajo del obrero salvadoreño simplemente produce la enajenación del proceso mismo de producción. Esto es que, el producto único y exclusivamente es el resultado de la actividad de la producción. Pero en todo caso ¿Qué representa la alienación del trabajo de los seres humanos en este país? Por un lado, que el trabajo es externo al obrero, no es parte de su naturaleza, sino extraño a él y debido a ello no llega a realizarse como ser humano, sino que experimenta un cierto malestar más que de bienestar, es decir, considera el trabajo como tortura o martirio, ya que no siente placer en lo que produce, ni tampoco disfruta de lo que produce. En ese sentido solo se siente a sus anchas cuando llegan las horas de ocio, cuando llega el descanso del fin de semana o de días festivos. Por tanto, no da rienda suelta a sus potencialidades físicas ni intelectuales, sino que se encuentra físicamente agotado y mentalmente embrutecido (K. Marx; 1987:38).  

      
Por tanto, en la fábrica se siente insatisfecho, debido a que el trabajo no es la mera decisión de su voluntad sino únicamente, la única opción con la que cuenta para satisfacer  necesidades vitales de él y, de su grupo familiar. La obra a la que el asalariado de este país se enajena, es vista por este como un martirio o una mortificación, demostrando con esto, que no es su propio trabajo, sino para otro, y que en el trabajo no se pertenece a sí mismo, sino a otro. Dicho en otras palabras, lo que el filósofo alemán sostiene es que el obrero solo se siente activamente pleno en sus funciones animales como: beber, comer y aparearse. En ese sentido, sus funciones no superan las condiciones de animalidad. Es a sí que: “lo animal se vuelve humano y lo humano se vuelve animal”; dicho en un lenguaje más sencillo: el capitalista deja de ser animal para convertirse en ser humano y el obrero abandona su naturaleza humana para convertirse en un animal de trabajo. Esto es lo que precisamente la alienación de los obreros de El Salvador (K. Marx 1987; p.39).
Resumidamente, se han considerado hasta aquí la enajenación, a partir de las ideas del filosofo alemán, con la actividad humana práctica, o sea, el trabajo desde dos aristas: el primero vinculado a la relación del trabajo con el producto del trabajo como objeto separado del obrero, que lo somete y, el segundo, por la relación del trabajo como actividad de producción dentro del trabajo que lo martiriza. Esta es la relación del obrero con el producto creado por el obrero salvadoreño; su propia actividad como algo ajeno y que no le pertenece, la actividad vista y sentida como sufrimiento, la fuerza como debilidad, la creación  como castración[4]… Resta por tanto considerar la última forma de enajenación que en este texto se aborda.
c)       La enajenación obrero salvadoreño como ser genérico
El ser salvadoreño es un ser social que solo puede y debe vivir en sociedad, no solo porque constituye la célula principal de la sociedad salvadoreña, sino también, en el sentido de considerase  un ser universal y por ende en libertad. En este sentido el ser colectivo de este país no se diferencia de los animales. Al igual que los animales,  vive a partir de lo que le suministran las plantas, el mar, la naturaleza, etc., Pero el hombre y la mujer de El Salvador  debe de diferenciarse del animal desde el momento que realiza con su trabajo el objeto de su voluntad y de su conciencia, es decir, debe ser consciente de lo que decida hacer, producir, penar. Esa actividad consciente diferencia al ser humano de los animales… Solo debido a esta razón el ser salvadoreño puede considerarse un ser genérico. Solo a partir de esta reflexión puede ser un hombre libre.
La construcción práctica de un mundo objetivo, la manipulación de la naturaleza inorgánica, es la confirmación del  sujeto salvadoreño como ser genérico consiente. Verbigracia, como un ser que considera su propio ser como persona humana. Por su puesto que los animales también construyen nidos (…) (Marx; 1986:42); pero solo hacen lo necesario para ellos mismos y sus crías; por lo tanto producen en una sola dirección. Por el contrario el ser humano debe de producirse como ser universal,  a diferencia del hombre que reproduce toda la naturaleza, los productos de los animales pertenecen en especial a sus cuerpos físicos, mientras que el hombre es libre frente a lo que produce.
En todo caso, el hombre solo en su trabajo sobre el mundo objetivo se muestra realmente como ser genérico, esta es su producción en su vida activa como especie porque él no se reproduce solo intelectualmente, como en la conciencia, sino activamente y en un sentido real y contempla su propio reflejo en un mundo que él ha edificado. 
 Pero en realidad  todo lo que se ha dicho arriba,  es opuesto a la realidad que vive hoy en día el asalariado salvadoreño. Se puede afirmar  desde  la celosía de los textos de Marx, la mayoría de asalariados salvadoreños, sean estos estatales de las instituciones del estado, como de aquellos que trabajan en empresas privadas o sector informal, enajenan su vida como especie. Esto significa  que cada hombre, mujer o joven de este país está enajenado en relación con los otros seres humanos y que cada uno de los otros está a su vez enajenado en su propia existencia como ser humano, es decir, que todos los salvadoreños viven como individuos aislados o solitarios en tanto que se enajena para otro, se someten al dominio de otro, de su coerción, del yugo de otro.
en fin, los tres tipos de enajenación que sufren los trabajadores de este país,  convierte a todos los  asalariados salvadoreños en una mercancía más, dentro de todo el paquete de mercancías, propiedad de los banqueros, terratenientes e incluso los narcotraficantes de este país. Por tanto, la enajenación del obrero respecto al producto indica que este objeto producido es ajeno a él. En segundo lugar, lo es también es su mismo proceso de producción y por último en su condición como ser humano genérico, en tanto que se separa como ser individual de sus demás congéneres.  Y
La pregunta con la se puede cerrar este pequeño esbozo es ¿Cómo pueden cambiarse dichas políticas que enajenan la productividad de todo un colectivo en beneficio de unos pocos? ¿Podría el ser colectivo salvadoreño sacudirse el yugo del opresor y a sí poseer lo que produce para si mismo, en tanto disfruta ese momento del quehacer de su objeto producido y en tanto se convierta en todo un ser genérico consciente de su propia existencia? o ¿Urge la necesidad de romper con este sistema mundo para instaurar aquel que sea equitativo para todos? Esto indica que este tema no que cerrado…


Bibliografía:
·         Karl Marx (1987): Los manuscritos de 1844 y tesis sobre Feuerbach. San Salvador,  
      El Salvador. UCA Editores.
Karl Marx (2002): EL capital Vol. I Mercancía y dinero. Biblioteca de autores
      Socialistas. http://www.usm.es/info/bas/es/marx-eng/capital consultado el
      7 de junio del 2014.



[1] Se entiende por medios de producción a los instrumentos materiales que intervienen en el trabajo: materias primas, grandes extensiones de territorios, maquinaria, las herramientas, fabricas talleres, pantas geotérmicas de electricidad, por mencionar unos pocos. 
[2] Alienato mantuvo un significado jurídico y médico. En el sentido jurídico  en la antigüedad significó transferencia de propiedad. En el sentido médico, enfermedad mental o desvanecimiento. Otros significados fueron: deserción, pérdida de la amistad. En Marx Alienación o enajenación significa desposesión, hacerse otro o extraño. También transferir a otro algo propio de modo que por virtud de esta transferencia, lo que es propiedad o producto de uno es apropiado por otro, que a sí disfruta de dicho producto. Vocabulario filosófico (sf). http//:www.cossio/contenidos/ principales. P3.
[3] Entres esos mercados que distribuyen cada uno de esos productos que se sobreponen al empleado, podemos mencionar las casi 105 tiendas se súper selectos, las despenas familiares, la despensa de Don Juan, solo por mencionar unos de todos los que coexisten en la realidad.
[4] Citado en los manuscritos de K. Marx de 1844. Pp. 38-41.